Nuestra casa

Historia

Como se puede ver en el dintel de la entrada, la casa original fue construida en 1819, con dos áreas bien definidas: la principal, de adobe a la derecha, y el portal, con paredes de piedra a la izquierda, que da a un corral de separación con la casa colindante. La zona de piedra se utilizaba como leñera para guardar el grano y alojar, en la planta de arriba, el horno donde se hacía el pan y los dulces para las fiestas.

Perteneció a mis bisabuelos y, tras sucesivas herencias y muchos años cerrada, llegó a nuestras manos en un estado de deterioro considerable.

Desde el primer momento nuestro sueño fue recuperarla, manteniendo la estética exterior de la casa y tratando de restaurar la mayor parte de los muebles que contenía. Así que, conservamos la fachada de piedra, conseguimos un revoco a la cal de color similar al original en lo que fuera inicialmente la casa de adobe y se reutilizaron las tejas originales para la cubierta.

Sabíamos que la casa no estaría completa sin una zona al aire libre, un patio, por lo que adquirimos una casita, parcialmente derruida, que lindaba con la nuestra por la parte posterior. Ahora esta zona se ha convertido en el corazón de la casa, un lugar mágico que acoge el porche y la barbacoa, y desde el que la luz inunda cada rincón del interior.

Nuestro agradecimiento a los hermanos Barroso, arquitectos del proyecto, y a Julián Martín y su equipo, como constructor y ahora amigo.

Características

La casa rural “El capricho de Ana” dispone de 5 habitaciones, tres baños y patio con barbacoa.

Se distribuye en dos plantas, con suelos de gres rústico, comunicadas por una escalera de granito gris de Ávila y madera, que mantiene el carácter tradicional de la vivienda.

Cada estancia lleva el nombre de distintos parajes del municipio, un pequeño homenaje al paisaje que rodea este lugar.

En la planta baja, pintada en un luminoso tono ocre, se encuentra el distribuidor que da acceso a la habitación “La Solana”, con su baño incorporado “La Fuente las Eras”, a la cocina “El Prao Romero” y a la sala de estar-comedor “La Dehesa”, desde la que se abre el acceso al patio “El Cerrao La Parra”, un espacio pensado para disfrutar del aire libre y la tranquilidad.

La planta superior, abuhardillada y con vigas de madera vistas, conserva todo el encanto de la arquitectura tradicional. Desde su distribuidor se accede a las cuatro habitaciones: “Las Cumbres”“El Linar de la Fuente”“Los Castaños” y “Los Rosales”, además de a los dos baños “La Fuente los Chorros” y “La Fuente el Vallejo”.

Habitaciones

La Solana

Las Cumbres

El Linar de la Fuente

Los Castaños

Los Rosales

Baños

La Fuente las Eras

La Fuente los Chorros

La Fuente el Vallejo

Zonas comunes

Accesos

Bajo el dintel de piedra se encuentra la puerta principal desde la que se accede a un recibidor, donde destaca una “alfombra” de granito gris de Ávila rodeada de un gres rústico.

A la izquierda hay un “bengalero”, un perchero antiguo de nogal y latón con espejo, procedente de la antigua casa, como la mayor parte del mobiliario que ha sido restaurado.

La subida a la planta superior se realiza por la escalera de granito y madera que termina en el distribuidor que la rodea, desde donde podemos acceder a las cuatro habitaciones y dos baños. En la parte mas ancha se aprecia el escaño que se encontraba en la cocina de la antigua casa. Un ventanal vertical nos permite ver el patio. Sobre nuestras cabezas, una lámpara de cristal cuelga de las vigas.

La cocina

La cocina, “El Prao Romero”, es un espacio amplio y luminoso, con una gran encimera bajo el ventanal. En la zona de cocción y aguas, los azulejos artesanales blancos contrastan con el tono ocre que recorre las zonas comunes de la casa.

Está completamente equipada, con vitrocerámica, horno, microondas, lavavajillas, lavadora y frigorífico, además de todo el menaje necesario para cocinar y compartir la mesa.

Si os apetece cocinar al aire libre, también disponéis de utensilios para la barbacoa y una paella grande, perfecta para preparar un buen arroz y disfrutarlo en compañía.

Sala de estar / Comedor

Lo hemos llamado “La Dehesa”, por una zona del pueblo donde tradicionalmente se iba a merendar los lunes de Pascua y en diversos festejos a lo largo del año. Desde aquí se accede al patio.

A la izquierda de la entrada vemos la chimenea con cassette integrado. Frente a ella dos sillones orejeros, para leer un libro en las tardes de invierno o, simplemente, para distraerse mirando al fuego. La zona de estar se sitúa junto a una ventana y la antigua puerta de la leñera, con dos sofás de cuatro plazas en ángulo en torno a una mesa de forja y frente a la televisión.

La zona de comedor se compone de muebles procedentes de la antigua casa, la alacena y las sillas, seis de castaño y seis de nogal, junto con otros adquiridos en anticuarios como el espejo y la mesa de palisandro.  Si nos visita algún peque, hay una trona de enea que procede de un anticuario de la zona.

El patio

El patio, “El Cerrao de La Parra”, con acceso desde el comedor, conserva dos muros de piedra de la casita que fue, con un ventanuco como vestigio de su pasado, y se cierra por otros dos lados, con la fachada interior de la casa, de color terracota.

Al fondo del patio se encuentra un porche, bajo el que se cobija la barbacoa de granito gris, una antigua pila, también de granito, procedente de la cocina de la antigua casita derribada y un comedor con dos mesas de madera y forja y doce sillas. A la  derecha un arcón, que se utilizaba para  guardar el pan.

Para el pavimento se ha utilizado granito rubio en la zona cubierta. En el resto, las lanchas de piedra originales de la antigua cocina conforman un camino entre el porche y la puerta del comedor, combinadas a ambos lados con piedra portuguesa de superficie irregular.

Lo que hace mágico este lugar es una vegetación exuberante, que evoluciona en cada estación y nos obliga a estar continuamente de poda. Cada vez que visitamos la casa, nos sorprendemos por lo “asalvajado” que puede llegar a estar el patio. Nos da trabajo, pero nos encanta. La fragancia de las lilas en primavera es lo más. ¿Y qué me decís de los colores de la parra virgen en el otoño?.